El problema con «Africa Rising»

La narrativa del continente emergente que el mundo compró y enterró. Por qué las dos versiones son simplistas.
Directivos en centro financiero y logística portuaria

En diciembre del año 2000, la revista británica The Economist publicó una de las portadas más infames del periodismo moderno: la silueta del continente africano con un combatiente armado y el titular «The Hopeless Continent» (El continente sin esperanza). Apenas once años después, en diciembre de 2011, la misma cabecera daba un volantazo radical con otra portada icónica: un niño haciendo volar una cometa con forma de arcoíris bajo el título «Africa Rising» (África emerge).

En el lapso de una década, la narrativa global pasó de la desesperanza absoluta al triunfalismo desmedido. Y cuando en 2015 el desplome de los precios de las materias primas enfrió el crecimiento de gigantes como Nigeria y Angola, muchos analistas de salón volvieron a sentenciar el fracaso del continente. ¿Por qué Occidente es incapaz de mirar a África sin caer en el delirio maníaco-depresivo?

La ilusión de las tasas del 7%

La tesis de Africa Rising se sustentó en datos macroeconómicos reales pero mal interpretados. Entre 2000 y 2014, varias de las economías de más rápido crecimiento del mundo eran africanas (Etiopía, Ruanda, Angola, Ghana). El apetito voraz de China por petróleo, cobre y mineral de hierro inyectó liquidez récord en las arcas fiscales y financió autopistas, presas hidroeléctricas y estadios de fútbol.

Sin embargo, aquel crecimiento contenía una debilidad estructural que los entusiasmos de los fondos de inversión prefirieron ignorar:

  • Crecimiento sin empleo industrial: La exportación masiva de materias primas sin procesar genera ingresos fiscales, pero crea muy pocos puestos de trabajo cualificados.
  • Desigualdad concentrada: El auge inmobiliario de las capitales convivía con bolsas inmensas de informalidad económica.
  • Vulnerabilidad al tipo de cambio: Toda la bonanza dependía de variables que se decidían en las bolsas de metales de Londres o Shanghái, no en África.

«Ni continente sin esperanza en el año 2000, ni milagro sin fisuras en 2011. África es un continente diverso donde coexisten economías extraordinariamente sofisticadas con estados en construcción.»

Hacia una lectura madura y desprovista de espejismos

Enterrar la etiqueta de Africa Rising es la mejor noticia que le ha ocurrido al análisis riguroso sobre el continente. Nos libera del deber de aplaudir acríticamente cada estadística y nos permite examinar lo que verdaderamente importa: la diversificación productiva, el fortalecimiento de los bancos centrales, la integración aduanera continental (AfCFTA) y la creación de empleo juvenil en manufactura ligera y servicios digitales.

África no necesita lemas publicitarios de consultora internacional. Necesita un escrutinio honesto que reconozca sus avances tangibles sin ocultar los colosales retos de gobernanza y deuda que tiene por delante.

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